Recuperar el sabor

Recuperar el sabor

Recuperar los sabores

Porque queremos volver al origen, recuperar la esencia

TEXTO
TERESA LOBO
CELIA G PUCHE

FOTOGRAFÍA
JESSICA DAVEY

A todos nos gusta que la verdura sepa a verdura, que el pan sea esponjoso y que la fruta huela a fruta. Y además, por suerte, de un tiempo a esta parte venimos tomando consciencia de la importancia de llevar una alimentación saludable donde recuperar el sabor de los alimentos y volver a su origen, su esencia.

Quién no ha probado alguna vez uno de esos tomates de huerto que de verdad saben a tomate y que se puede comer directamente a mordiscos con un poco de aceite y sal. Un gusto para el paladar y un regalo para nuestro organismo.

Durante un tiempo nos acostumbramos a sabores insípidos y artificiales que distaban mucho de esas lechugas que recogían nuestras abuelas en su propio huerto o los huevos recién incubados de las gallinas de su vecina. Estábamos perdiendo la variedad de sabores de uno de los mayores y más gustosos placeres: comer.

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Un picnic cerca de casa

Para reivindicar esa vuelta al origen de los sabores de los alimentos, quisimos preparar un sencillo picnic cerca de casa sin más complicación que algunos panes ecológicos y algo de fruta, siempre apetecible. Eso sí, nos llevamos el ukelele.

Generalmente el verano invita especialmente a saborear los alimentos en su estado natural, sin apenas preparación como en el caso de la fruta, por ejemplo. Una buena rodaja de sandía fresca o un pequeño puñado de picotas puede ser la excusa perfecta para iniciar esa vuelta a los orígenes y a una alimentación más saludable.

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«Normalmente los productos ecológicos sacian mucho más»

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Poco a poco, empieza a ser más habitual encontrar alimentos bajo el sello de producto ecológico y aumenta la oferta de establecimientos que apuestan por una materia prima de calidad.

Con pequeños gestos podemos favorecer otro tipo de consumo, como el consumo local para acceder a productos de proximidad y el acceso a pequeños productores, eliminado así intermediarios y conociendo de primera mano a las personas que han cuidado, cultivado y elaborado el producto que más tarde te vas a comer. ¿Tienes alguna duda sobre la procedencia de ese tarro de miel? Si conoces al apicultor le puedes preguntarle directamente.

No nos fijemos sólo en la estética de los alimentos. Las manzanas no son brillantes, rojas y redondas. Al menos no todas. Así son las que nos venden en las grandes superficies pero, como todo en la naturaleza, las hay pequeñas, enormes, con pliegues extraños y con marcas en la piel; ese brillo tan característico se lo dan con ceras para hacerlas más atractivas al consumidor final.

En el caso de los panes ecológicos, por ejemplo, tienen un sabor muy distinto al de los panes que estamos acostumbrados a comer. Normalmente son algo más densos y sacian infinítamente más. Porque, aunque por lo general los productos ecológicos suelen ser más caros, se amortizan bastante dado que sacian mucho más y propician una alimentación más moderada.

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Y es que a veces no hace falta complicarse tanto. Lo más sencillo es las más de las veces lo mejor. Y lo más natural también, así que desde aquí os proponemos sumaros a esa vuelta a los orígenes, a recuperar la esencia de lo natural y a disfrutar del placer que supone saborear un alimento auténtico, en su máxima esencia.

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